“Soy ángel y soy demonio en mi familia enlazada”

El sistema de opuestos se pone en juego en la familia enlazada. ¿Eres consciente de estas polaridades o tiendes a negarlo? Te indico cómo encontrar el equilibrio y encontrar la armonía familiar que tanto deseas.




La expresión de emociones con diálogos similares a “Una parte de mí quiere a mi hijo/a afín y otra parte quisiera no tener relación alguna” o “Entiendo a la ex de mi pareja y, al mismo tiempo, estoy en total desacuerdo” se ponen en juego en el trabajo terapéutico.


Los opuestos se complementan, no existe el ying si al otro lado no está el yang, no se puede conocer el sueño si no hay conciencia de la vigilia. Difícil medir el amor sin reconocer en nosotros la existencia del odio.


Ya lo indicaron los Polster: “La existencia de polaridades en el hombre no es ninguna novedad. Lo nuevo de la perspectiva gestáltica es la concepción del individuo como una secuencia interminable de polaridades”. Reconocer que están ahí, que forman parte de nosotros y que no tienen por qué ser incompatibles entre sí nos coloca en un lugar de tranquilidad y aceptación que invita a ahondar en ello.


Uno de los preceptos de la Terapia Gestalt es la toma de conciencia y el trabajo con polaridades es una de las técnicas que permite, desde el aquí y el ahora, ahondar en lo que hay debajo de cada extremo, establecer un diálogo entre ambos y responsabilizarse de lo que suceda.


Tomemos como ejemplo el sentimiento de amor-odio de los padres y madres afines en relación a sus hijos e hijas afines y veamos de qué manera se trabaja desde esta terapia humanista.


Se le indica al paciente que defina con claridad cada una de las partes. De manera simbólica se colocan una frente a la otra utilizado algún objeto. El terapeuta acompaña al paciente para que identifique cada parte a través de preguntas: cómo es el amor hacia tu hijo o hija afín, qué tamaño y forma pueden tener, con qué voz lo identificas y el tono que le pondrías, qué postura corporal adoptarías cuando sientes amor hacia él o ella y todo cuanto permita reconocer esa parte. Utilizar la exageración, extremar las posiciones si fuera preciso permite reconocerlas en su esencia. Qué siente cada parte, qué necesita, qué dificultades pudiera tener…es importante que se identifique. Idem con la parte de “odio” hacia tus hijos o hijas afines.


Pasamos a establecer un diálogo entre ambas partes lo que permite que se conozca, se escuchen, lleguen a entenderse y, en definitiva, lleguen a acuerdos. Aquí el terapeuta va indicando al paciente cuándo pasar de un lado al otro, qué le responde el odio al amor según el diálogo que ha establecido y viceversa.


La comunicación ha de partir del no juicio, de entregarse al trabajo terapéutico, de confiar en lo que cada polaridad quiere decirnos, en ser honestos con esa parte con la que nos identificamos y estar abiertos a lo que podamos encontrar.


¿Qué hay debajo del amor? ¿Qué hay debajo del odio? Si te apetece conocerlo, explorarlo y aprender de ti es momento de pedir que te acompañe para que seas tú el que le encuentres el sentido y lo que necesitas en estos momentos de tu vida.


Lee esta frase y siéntela “La paz más alta es la paz entre opuestos”. Rabí Nachman, La silla vacía.


Escrito por Lic. Ana Belén Andreo

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